Despertar.
No estamos locas, ni somos unas exageradas, ni mucho menos nos quejamos por gusto.
Estamos hartas. Hartas del terrorismo machista. Hartas de que se nos eduque a nosotras para ser las sensibles, las madres, las fieles, mientras a nosotros nos dan una pelota o un telescopio de juguete para que sean los fuertes y los que tengan ambición. Y de que luego encima haya quejas por nuestros celos o por nuestra dependencia emocional cuando no nos han enseñado a ser de otra forma. Hartas de que crezcamos como rivales y no como compañeras. Hartas de que se nos critique por altas, por bajas, por gordas, por flacas. De que se nos exija un cánon de belleza imposible que nos tenga esclavizadas de por vida. De que escandalice ver a una chica en corpiño cuando sube una foto por voluntad propia pero que esté absolutamente normalizado que el cuerpo femenino se venda como consumo del hombre como porno y en la publicidad. Hartas de que no nos tomen en serio, de ser ''las novias'', ''las hijas'' o ''las hermanas'' de, de que no tengamos ni reconocimiento propio nos esforcemos lo que nos esforcemos. Hartas de estar en la sombra. De tener que explicar nuestra sexualidad, de que se nos cuestione todo lo que hagamos, de que nuestro cuerpo sea objeto de opinión y decisión ajena a nosotras mismas. Hartas de ser el insulto, el chiste fácil, el florero en cualquier ámbito. De estar condenadas y limitadas por nuestro sexo en vez de disfrutarlo como locas.
La mayor aspiración de la vida de una mujer no tiene por qué ser casarse y formar una familia. La mayor aspiración de una mujer no es ser inspiración ni ser la musa de nadie. Tampoco es gustarte a ti cuando se pinta los labios o se pone unos tacones, ni tener tu aprobación y que la piropees cuando pasea por la calle. Ahórratelo. Cállate. Aprende. Valórala. Respétala. Y no esperes que te feliciten por ello.
Nuestra mayor aspiración es ser libres. Porque también queremos ser las creadoras, las artistas y las investigadoras sin que nos pongan mil trabas en el camino. Queremos besar y, por qué no, besarnos sin que suponga un espectáculo voyeur. Salir de noche sin pasar miedo, sin preocupar a quienes nos esperan en casa, sin que nos respeten en función de la cantidad de ropa que llevemos.
Sé muy bien que me preguntarán mil veces por qué llevo esta rebeldía en las venas y que mis ganas de hacer que rueden cabezas aumentarán por segundos cuando pongan mala cara por mi respuesta, pero valdrá la pena así como merece la pena luchar por todo lo que crees.
Y yo creo fuertemente en nosotras.